
Ha pasado un año. Una año en el cual caigo en la cuenta de que mi vida sigue siendo un desastre y en el que ha llovido tanto que apenas recuerdo la luz del sol. Un año lleno de viajes por Europa, de amigos que se convirtieron en enemigos, de desilusiones y corazones rotos. También he presenciado el renacer de un nuevo estado emocional y psicológico, de que todo puede equilibrarse en la balanza y de que al final... la unica persona por la que debes preocuparte eres tu misma.
Harta de mitificar todo aquello que antaño admiraba, harta de falsos ídolos y palabras vacías, construí un nuevo templo dedicado a la única persona que me importa y que jamás me ha fallado: Psycho. Mi alter ego. La otra mitad de mi personalidad. Mi propio ego. Y nada más.
Hace tiempo dije que la soberbia es mi pecado favorito, y reafirmo que, tras un año de duras batallas contra mi misma, esa palabra ha cobrado un significado mucho más siniestro y contundente. La fantasía quedó en un segundo plano para darme de cara con la realidad como un cubo de agua helada en una mañana de invierno. Clara y cristalina, la soberbia ha sido lo único que me ha mantenido con vida este último año, y por lo tanto, es y será siempre mi mejor amiga.
Y citando a un genio muy querido por mi doy por concluida esta confusa y paradójica entrada de blog.
"And it's all right where it belongs" - Trent Reznor.

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