
Sus cuerpos se fundieron en uno solo y ella intentó atrapar su respiración con la boca, cerrando los ojos con fuerza y clavando las uñas en su espalda. A medida que aquella sensación se iba haciendo más intensa, una lágrima escapó y continuó observando su perfecta silueta, que resaltaba en la penumbra como si se tratase de un halo de luz.
Los sentimientos crecían y el miedo a que aquello acabase también. No quería que sus cuerpos se separasen jamás y deseaba contemplar aquellos ojos entrecerrados para el resto de la eternidad. La expresión de su cara, la forma de morderse el labio inferior, su frente perlada en sudor, sus grandes manos acariciando cada resquicio de su cuerpo. Todo aquello iba cargado de una intensidad pasmosa que les conducía a una vertiginosa caída sin retorno. Ambos deseaban caer. Una y otra vez.
Ambos deseaban sentir aquello e hicieron un pacto en mitad del silencio que tan solo se veía interrumpido por las respiraciones entrecortadas y los murmullos que parecían prometer el mismísimo paraíso.
Construían un nuevo mundo que empezaba y acababa en el cuerpo del otro, como una perfecta espiral.
- Te quiero -le oyó susurrar finalmente.
Ella dejó que la cubriese con sus brazos y cayó en el sueño más profundo, en el que él era el único protagonista.

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