C caminó lentamente a lo largo de las oscuras calles de su barrio, esperando que de cada rincón del lugar saliesen sus peores temores...
Se detuvo ante la puerta y rebuscó en su bolso, a sabiendas de que se sentía observada... pero era una sensación agradable a su vez.
Cuando encontró las llaves sonrió con alivio, pero justo antes de meter una de ellas en la cerradura escuchó unos pasos tras ella.
Se giró y miró con una mezcla de sorpresa y temor al joven de piel pálida y ojos azules que aguardaba ante ella.
- ¿Qué quieres, A? - suspiró.
- Solo verte un momento y poder hablar contigo - contestó él al tiempo que alzaba la cabeza y la centraba en el firmamento, como solía hacer cuando evitaba hecharse a llorar.
- Tengo prisa, estos zapatos me estan matando...
- Te quiero mucho - A bajó la mirada y se echó el pelo hacia atras.
- Y yo a ti también - C frunció el ceño.
- ¿Si es así por qué me haces esto?
- Con el tiempo lo entenderás - C suspiró con pesar y le miró a los ojos- Todo será más fácil con el tiempo a nuestro favor.
- El tiempo es mi enemigo, a cada minuto que pasa sin ti yo...
- No lo digas, A - C frenó las lágrimas.
- Me muero...
- Te he dicho que no lo digas - C metió la llave en la cerradura, dispuesta a marcharse.
- No estás siendo justa, llevo sin dormir desde que te fuiste - A se enfureció ligeramente, pero solo lo demuestró torciendo el gesto en su bonito rostro.
- Eso es problema tuyo, no mío - C giró la llave y abrió la puerta, decidida a no dejarle entrar.
- No te estoy echando la culpa por ello - A agachó la cabeza y sostuvo la puerta para dejarla pasar primero- Pero deberías ser más comprensiva.
- Controla tu ira y cuando sepas controlarla me llamas - C clavó sus ojos en los de él.
- ¿Cómo va a funcionar si no dejas de echarme cosas en cara? - A se desesperó y resopló.
- ¡Exactamente! Además, tu también lo haces, A.
- ¿Qué hay en mi que tanto odias? - A comenzó a llorar silenciosamente mientras trataba de acercarse a ella.
- Que has empezado a darme miedo - C se obliga a ser hirientemente sincera.
- Sabes que soy capaz de cortarme una mano o de algo peor antes que volver a ponerte la mano encima - A se mesó el cabello, histérico- ¿Te acuerdas, no?
- ¡Precisamente por eso! - gritó C- ¡Ya no se ni quien coño eres! ¡Vivo constantemente con el miedo de que hagas el subnormal como hiciste la última vez! Y ayer... ayer creí que volverías a hacerlo.
- ¿A pegarte?
- Y a repetir lo que nos separó la última vez... - C ocultó el rostro tras sus manos para que no la viese llorar.
- Si no lo repito es por tí...
- ¡Basta, por favor! - gimoteó ella- No puedo soportar esto mucho más. Me estás torturando psicológicamente.
- ¿Torturándote? ¿Yo? - A no dejaba de llorar y de apretar los labios- ¡Nada más lejos de eso! - se acercó a ella para abrazarla, pero ella se apartó- ¿Por qué me tienes miedo, cariño? Soy A... y si tu ahora me temes también nada tiene sentido.
- ¡No puedo más con todo esto! - C le empujó- ¡Llevas meses torturándome! ¡No aguanto más, joder! Me gustaba el A de antes, con el cual me sentía a gusto y al cual quería más que a mi vida. Y de pronto te has convertido en alguien que practicamente desconozco...
- ¿Ya no te gusto?
- Ya te lo he dicho, tengo miedo - C deja que él se acerque- No te tengo miedo a ti, sino a lo que puedas hacer, o a no perdonarme nunca todo lo que te estoy haciendo- sintió que A la abrazaba con ternura y dejó que sus lágrimas cayesen sobre la chaqueta de cuero de él- Soy la peor persona del mundo, pero te quiero muchísimo, y por eso me veo incapaz de abandonarte. Soy patética.
- Entonces somos patéticos los dos - A la obligó a mirarle a los ojos y la besó muy lentamente- Ven a casa conmigo...
- Eres tan jodidamente guapo y tan jodidamente encantador cuando te lo propones - C se abrazó a él de nuevo- Así fue cuando te conocí... ¿Qué coño te ha pasado?
- Ven a casa conmigo, por favor, he venido a buscarte otra vez... - A la besó de nuevo, hechizándola con cada beso.
- No.
C se apartó de él definitivamente de forma casi instintiva y cuando él la cogió del brazo con su habitual fuerza, muy superior a la de ella, C se soltó con un movimiento brusco y se obligó a no mirar atras mientras él gritaba, presa de la desesperacicón y entre sollozos desgarradores.
- ¡C, por favor, vuelve! - gritaba- ¡Te juro que todo irá bien pero no me dejes, por favor! ¡No para siempre!
C se metió en el ascensor y deseó desaparecer del mundo mientras él sollozaba, sentado sobre las escaleras de su portal, enterrando la cara en sus manos y sacudiendo todo el cuerpo con cada sollozo.
Bienvenidos al rincón de Psycho.
Diario de la mente sin razón, del cuerpo carente de alma, de la muerte en vida y de los sueños repletos de nostalgia.
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