Siento haber desaparecido de tu vida sin más. Sin siquiera haberme parado a pensar en como te destrocé la vida, tus ilusiones, tus sueños, todas nuestras promesas, nuestro futuro.
Pero quiero dejar una cosa clara que pareció que no comprendiste bien...
Jamás hubo nadie por encima de ti, jamás te quise menos que a él, jamás me olvidé de ti, jamás me olvidé de tus lágrimas mientras me esperabas con la maleta junto a tu puerta, jamás me olvidé de que debía salvarte, jamás me olvidé de todo lo que eras para mi. Jamás me olvidé de cada decepción que fui para ti. Jamás me olvidé de todo lo que has significado en mi vida y de los recuerdos a tu lado.
Jamás me olvidé del calor de tus abrazos, de la sensación de sentirme a salvo cada vez que cogías mi mano, de la ilusión de tu mirada que yo perdí hace tiempo.
Te quise con una intensidad que hasta dolía, no antepuse nada a ti, ni me olvidé de que existías.
Jamás te abandoné aunque esta cabeza mía me fallara, aunque acabase ganando esta forma de ser que tengo y este orgullo férreo que me representa, aunque dijese todo aquello que no sentía.
Y jamás me perdonaré el haberte dejado allí. Porque eres y serás siempre mi hermana, porque eres y serás siempre mi media naranja, porque eres y serás siempre la primera y la última.
Siento haberte hecho llorar, haber destrozado tus sueños, tus ilusiones. Siento haberte hecho sentir como un juguete roto y abandonado cuando jamás quise hacerlo.
Siento haber sido y ser tan fría, pero es mi forma de ser. Siento no haber tenido en cuenta que jamás estuve sola. Siento haberte hecho sufrir tanto.
Una vez dijiste que estarías para mi por siempre, me lo juraste, y a pesar de que yo supiera que eso no ocurriría... sonreí y quise creermelo, y me sentí una vez más a salvo en la calidez de tu voz.
Y puedo repetirte esto mil veces. Toda la noche. Durante meses, años, siglos, toda mi vida.
- Claudia ¿eres feliz? - ella se volvió a mirarla desde su cama.
- Supongo - Claudia miraba al techo, consciente de que ella no podía dormir.
- Te quiero.
- Y yo - Claudia cerró los ojos y alargó la mano para que ella la cogiese.
Y así lo hizo ella, y Claudia volvió a sentirse a salvo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario